La organización manual y la automática cambian control por aplicación continua. La mejor opción depende de lo estable que sea el conjunto de ventanas y de lo molesto que resulte un cambio de diseño durante el trabajo.
La colocación manual favorece las tareas cambiantes
El ajuste manual o los comandos de teclado le permiten elegir cuándo y dónde se mueve una ventana. Funcionan bien cuando los proyectos cambian de forma, algunas aplicaciones tienen tamaños mínimos o una ventana merece temporalmente más espacio. El coste es repetir la colocación y tolerar la deriva gradual.
La organización automática favorece las reglas estables
Un organizador automático asigna a cada ventana nueva o eliminada una posición según una regla de diseño. Es útil cuando muchas ventanas comparten roles predecibles y el foco controlado por teclado es importante. El coste es la redistribución: abrir un cuadro de diálogo o una ventana temporal puede remodelar el conjunto, y las excepciones flotantes, las aplicaciones a pantalla completa y los cambios en múltiples pantallas requieren reglas.
Pruebe la carga de trabajo real
Utilice el mismo proyecto durante varios días. Anote con qué frecuencia corrige manualmente un diseño automático y con qué frecuencia reconstruye uno manual. Compruebe las pantallas pequeñas, las pantallas en orientación vertical, los Espacios a pantalla completa, los tamaños mínimos de las aplicaciones y las desconexiones de pantallas. Prefiera el método más sencillo cuando ambos produzcan el mismo espacio de trabajo utilizable.
Ninguno de los métodos registra por qué las ventanas van juntas. Wallo puede agrupar las ventanas actuales por objetivo, pero no las organiza de forma automática ni manual; combine herramientas solo cuando tanto la geometría como la identidad del proyecto sean necesidades demostradas.